Soy ecológico… pero estoy lleno de contradicciones

Nos gustaría ser 100% eco-compatibles, solo que en nuestro día a día nos encontramos con muchas contradicciones…  Hoy te contamos cómo vivir mejor nuestras paradojas, encontrando soluciones alternativas para cada uno de nuestros actos… no tan ecológicos.

De nada sirve hacer la moral y culpabilizar cada gesto insostenible que hacemos en nuestra vida diaria. Tampoco nos van los argumentos que predican no hacer nada porque el planeta ya no puede salvarse. No nos gustan los dramas. Otra opción por la que no optaremos en este artículo sería acusar las multinacionales que producen más desperdicios en el mundo y contra las cuales nuestros pequeños gestos verdes parecen no tener gran peso (para denunciar esto, por suerte cada vez circula más información).

Lo que sí nos parece realmente sabio es tratar de encontrar alternativas más sostenibles cuando vemos que alguno de nuestros actos es demasiado contradictorio. El compromiso ecológico es parte de un conjunto de gestos que interfieren gradualmente en nuestra vida cotidiana, así que seamos ecológicos progresivos y no ecológicos perfectos. Deja de mirar mal a tu amigo que con orgullo compra sus kiwis orgánicos (aunque estén envasados y vengan del otro lado del mundo). Si bien para ti esto no se incluye dentro del concepto de ecológico, para él ya es un primer paso.

Paradoja núm 1: Me preocupo por el bienestar animal pero compro jamón rosa fluo en el supermercado

Para este reto te aconsejamos que en lugar de convertirte en vegetariano de la noche a la mañana y aguantarte cada vez que te llegue olorcito de carne, empieces por tener un consumo de carne más razonable: consume menos, pero mejor, es decir, conoce el origen y las condiciones de los animales de la carne que compras, y verás como te decantarás por la carne ecológica procedente de la ganadería artesanal.

Lo que sí que tienes que eliminar de tu dieta son los productos industriales y también todos aquellos que contengan carne procesada, tal y como explicamos en este artículo. Finalmente, desarrolla tu creatividad y aprende a cocinar algo que no sea carne. La tendencia vegana tiene el mérito de ser extremadamente inventiva, así que es hora de afinar tus papilas gustativas.

Paradoja núm 2: Estoy en contra de la gran industria de ropa, pero las rebajas son mi punto débil…

Cada año en el mundo se venden 100 mil millones de ropa. Es una de las industrias más contaminantes del planeta. Y sin embargo, nos gusta comprar ropa. Incluso sabiendo que solo usamos una pequeña parte de la ropa que tenemos… Entonces, ¿cómo lidiar con esta loca carrera por el consumo? Parece fácil: sería suficiente limitar (incluso detener) cualquier compra de ropa que no sea realmente necesaria (no, esta camiseta rosada con un brillante unicornio no te servirá de mucho más que para llamar la atención en la fiesta de este año nuevo). Esto sería lo mejor para el planeta y para tu bolsillo.

Aún así, no seremos tan puristas. Si quieres darte un poco de capricho, tienes varias opciones. Por ejemplo, puedes comprar productos nuevos, pero de calidad. Seguro que hay una tienda de ropa sostenible en tu barrio; nosotros conocemos Sunsais en Barcelona. Esturirafi nos propone 15 marcas de ropa sostenible para tener más variedad de estilos. También existe la revista Gansos Salvajes, con muchos artículos de moda ética y propuestas dónde comprar. Además, hay campañas que piden una mayor transparencia en la industria de la moda, como la campaña Ropa Limpia de Setem, o la propuesta de Fashion Revolution, que pregunta a las grandes marcas #QuienHizoMiRopa.

Otra alternativa es optar por ropa de segunda mano, fuera del circuito de distribución tradicional. Aparte de propuestas como las tiendas Humana, también existen aplicaciones como Wallapop donde se vende ropa, o mercadillos a la moda como el Flea Market en Barcelona o Adelita Market en Madrid, aunque existen en toda España. Sin decir que siempre puedes organizar un mercadillo improvisado con los amigos e intercambiar ropa.

Lo mejor del todo ya sería aprender a arreglar la ropa… cosiendo. Y hacerlo hasta que realmente ya no sirva. Aunque quizás no irás tan a la moda, pero esto no importa en el fondo. Lo que sí que es importante es evitar las compras online, porque es la fórmula que más potenciará tu impulso consumista de comprar cualquier cosa y mucha cantidad, ropa que se enviará por correos (a veces desde muy lejos) y que en muchos casos al final no te irá bien.

Paradoja núm 3: Comparto fotos chocantes de la historia del impacto de la contaminación a través de mi último iPhone

¿Quién no tiene Facebook y comparte a menudo mensajes sobre lo mal que está el planeta y lo mucho que podemos hacer para cambiarlo…? Seguro que somos muchos. Las redes sociales están muy bien para difundir un buen mensaje, pero también significan un agujero de consumo de energía que los miles de millones de videos publicados cada segundo solo agravan y que quizás deberían alentarnos a tener un poco más de discreción.

Como siempre, hay alternativas. Por ejemplo, puedes comprar un ordenador de segunda mano o uno reciclado con Fairphone. También puedes usar un motor de búsqueda verde como Ecosia, en que el 80% de los beneficios sirven para financiar la reforestación, o Lilo, en que el 50% de los beneficios sirven para apoyar proyectos sostenibles elegidos previamente por los usuarios. Otra opción es eliminar nuestros mails inútiles (y seguro que hay muchos) o no escuchar música en You Tube, porque la lectura de los vídeos cuesta más energía que una simple pista musical. En este artículo te explicamos un poco más cómo ahorrar energía en tu día a día.

Paradoja núm 4: Soy ecológico… pero fumo

Haces grandes discursos sobre los pesticidas que contaminan el suelo, compras a través de circuitos cortos, declaraste la guerra a los sulfitos y no bebes otra cosa que no sea vino natural… ¡genial!, pero todo esto no te impide fumar un paquete de cigarrillos todos los días… Sabiendo que esto tiene un doble peligro: destruye la salud, a la vez que contamina. Entonces, ¿qué puedes hacer?

Se estima que cada segundo 137,000 colillas de cigarrillos se tiran al suelo. Representan ya el 30% de la basura mundial, por delante de plásticos y envases. Además, se calcula que una colilla de cigarrillo contiene más de 8.000 sustancias contaminantes o que pueden reaccionar con otros compuestos del medio para producir contaminantes. También existe el problema de la baja biodegradabilidad de los distintos componentes de la colilla. Según fuentes de las organizaciones ecologistas como Greenpeace, una colilla tardará entre ocho y doce años en degradarse.

Para luchar contra esto, hay algunas propuestas. Por ejemplo, en ciudades como Sao Paulo hay una nutrida red de ceniceros urbanos que recogen a diario cientos de miles de colillas, que se envían a plantas de desbroce y reciclaje. Pero una de las principales iniciativas en materia de reciclaje parte de empresas tabaqueras, como la British American Tobacco, que junto con la empresa TerraCycle ha desarrollado un sistema que separa la colilla en tres componentes: las hebras van a parar al compostaje para abonar campos. En cuanto al papel, se separa del filtro y se aplica en capas para formar cartones de embalaje, ya que se trata de un material celulósico de gran calidad. Respecto a los filtros, de origen plástico, de lavan de los componentes tóxicos, se funden con calor, se prensan y se utilizan como plásticos para distintos fines, como palets, carcasas de bolígrafos o ceniceros para espacios públicos que, a su vez sirven para recolectar nuevas colillas que serán debidamente recicladas por TerraCycle (fuente Diario.es).

Finalmente, también puedes participar en actividades de limpieza del barrio o de las playas, como por ejemplo el World Clean Up Day, o proyectos como Libera de Seo BirdLife y Ecoembes.

Podríamos hablar también de la paradoja de un vegano que a veces rompe todas las reglas del decoro ecológico, como pedir su ensalada por internet, entregada por una empresa que paga mal a sus trabajadores y envasada en una caja de plástico. O la paradoja de los que compran tomates ecológicos en invierno y en los supermercados, es decir, que seguro que vendrán de muy lejos y al mismo tiempo está apoyando un sistema alimentario con muchos intermediarios.

En resumen, cuando nos interesa la ecología, nos damos enseguida cuenta de que todo es cuestión de grandes contradicciones, porque el mundo que nos rodea no es nada ecológico en sí mismo. La moraleja aquí es que no podemos cambiarlo todo de golpe. Ni condenar a los demás porque no lo hacen como tú, o sentirnos culpables porque no lo hacemos todo bien. La ecología toma su tiempo, seamos pacientes con los demás, empezando con nosotros mismos.

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