¿Cuál es el auténtico precio de la carne?

La televisión sigue siendo un gran altavoz que ha permitido poner en primera línea de debate cómo funciona la industria cárnica en nuestro país. Los números fueron realmente abrumadores: 2.680.000 espectadores lo vieron en directo y millones de reproducciones más siguieron la grabación por internet, reportajes en prensa y miles de debates que se abrieron en las redes sociales.

Las imágenes más impactantes del reportaje correspondieron a una grabación en el interior de una granja murciana con cerdos con patologías muy graves como abscesos, artritis o hernias, sufriendo situaciones muy deplorables.

Según explicaban en el programa, en términos legales, no es posible tener a los animales en ese estado, ya que las patologías tan graves que presentan, son incurables. Lo que significa que no tendría sentido realizarle un tratamiento veterinario. Así que, el único motivo por el que siguen con vida, es por la posibilidad de enviarlos a un matadero con destino a consumo humano.

La venta de esa carne, da igual si es por parte de ElPozo (empresa vinculada a esa granja) o de cualquier otra gran industria o si acabará en la carnicería del pueblo de al lado. Lo que seguro está claro es que el sufrimiento de esos animales estaba destinado única y exclusivamente a sacar un rendimiento económico por la carne procedente de ellos.

Después de todo este revuelo la empresa cárnica ElPozo lanzó un comunicado oficial defendiéndose de las acusaciones pero incluso las cadenas de supermercados belgas Colruyt y Delhaize, decidieron retirar todos los productos de esta compañía de alimentación.

Pero, ¿es la única realidad de la industria de la carne o existe alguna alternativa a estas macro producciones?

La buena noticia es que sí hay alternativas. Joel Salatin, uno de los granjeros orgánicos más célebres de Estados Unidos y autor del libro “Esto no es normal”, lleva años difundiendo su pasión por las pequeñas granjas, las cooperativas locales y el derecho a nuevas opciones lejos de la agricultura industrial.

Su libro está basado en todo su aprendizaje, lleno de ejemplos ilustrados de soluciones que él mismo ha creado e implementado en su propia granja, Polyface, que es bien conocida por convertirse en una pionera en demostrar que la producción ganadera basada en imitar a la naturaleza es el futuro de un sistema agrario realmente ecológico y eficiente. Salatin recalca la importancia de consumir alimentos sanos, ecológicos y estacionales, sin olvidarnos del consumo local y de proximidad.

Futuro agricultor

¿Este tipo de ganadería es posible en España?

Por supuesto, según el propio Salatin estas granjas nacionales. De hecho, no hay nada nuevo que inventar, tan sólo debemos volver a los orígenes respetando la tierra y los animales. Aunque muchos nunca hayan podido contemplarlo, hubo un momento en el que los pastos estaban llenos de animales que vivían en libertad y solo se encerraban para sobrevivir a las heladas. Pero este entorno rural está desapareciendo.

A su visión se suma el famoso activista Philip Lymbery en su libro “La carne que comemos”. Lymbery nos advierte que todos aquellos recuerdos de su niñez el sur de Inglaterra donde los pastos con animales, los setos y la naturaleza conformaban el paisaje, está desapareciendo actualmente. Poco queda de esos lugares, incluso en nuestro país, donde la industria alimentaria tradicional se ha convertido en intensiva.

¿Cómo hemos llegado a este punto?

El tipo de economía actual tiene gran parte de la culpa. No valoramos el precio de las cosas, o más bien exigimos que todo sea lo más barato posible. Sin importarnos el medio ambiente, el sufrimiento animal, la calidad del producto o las condiciones laborales de las personas que trabajan esa materia prima. De ahí que nos alegremos de comprar carne lo más económica posible sin preguntarnos si eso es sostenible, ético o incluso saludable.

La solución no es pasar a una dieta vegana, y no es por falta de motivos, sino porque si que también existen fórmulas intermedias completamente viables. En el mundo vegetal también se está produciendo de manera intensiva, talando árboles y desertizando bosques y sobre él también debemos reflexionar. Tan sólo se trata de hacer las cosas mejor, recurriendo al pasado a tantos años de aprendizaje en cultivos y ganado. Existe otro tipo de carne proveniente del consumo local, respetuosa con la vida del animal y a ser posible, también con certificación ecológica.

Nuestra propuesta pasa por disminuir el consumo de carne, pero obtenerla de mayor calidad.

¿Conoces las propuestas de alternativas locales?

El consumo local es un movimiento acompañado del Slowfood y los alimentos o restaurantes Km0. Aunque parezcan conceptos nuevos, es algo que lleva haciéndose toda la vida: comer productos cercanos y de temporada.

Con el nuevo estilo de vida y la demanda de alimentos fuera de temporada, el “antiguo” estilo de vida quedó en un segundo plano, primando la disponibilidad de una gran variedad de alimentos. Cuando vamos al supermercado no nos preguntamos el origen de los alimentos o cuántos kilómetros ha tenido que hacer para que esté en nuestro plato. Preferimos permanecer “ciegos” a nuestra contribución al grave problema global.  

¿Qué ventajas tiene consumir alimentos de proximidad?

Lo más importante sería la posibilidad de obtener alimentos frescos, que mantienen todas sus propiedades gracias a la poca distancia que recorren. Además, este sencillo gesto reduciría mucho la contaminación producida por el transporte, a día de hoy es insostenible el gasto energético del modelo de compra lejana, así como su incidencia en el cambio climático.

Cuando compramos a nuestros productores ayudamos a impulsar la economía local, haciendo sostenibles las pequeñas explotaciones, lo que contribuye  al desarrollo empresarial de los vecinos. Estas nuevas empresas empoderan el desarrollo del medio rural y la economía agraria, creando además, sinergias entre los ámbitos urbano y rural.

Si ya vives en un entorno rural, sabrás de lo que hablamos ya que es más fácil conseguir productos cercanos de temporada. Si por el contrario vives en la ciudad siempre puedes recurrir a los grupos o comunidades de consumo.

Ahora ya lo sabes: sí hay alternativas.

Artículo escrito por Diseño Social / En Facebook

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