Cocina de aprovechamiento: Parte II

Ya quedan lejos las vacaciones navideñas y decimos adiós a las comidas y cenas, posiblemente más abundantes del año, al mismo son que brotan noticias, posts y recomendaciones que pretenden hacernos sentir mejor con un plan detox, el lavado del alma y los polvos desgrasantes de moda que prometen cuerpos nivel Dioses del Olimpo. Yo no voy a hablaros ni de kilos de más, ni de los milagros que venden borrón y cuenta nueva, ni del error de dejar de comer por haber comido mucho. Os voy a hablar precisamente de comida. De esa que ha quedado triste y sola en la nevera, de esos trocitos de merluza en salsa, de esas gambas que asoman la cabeza pidiendo auxilio, y de cómo aprovecharlas.

Me gusta pensar que comenzamos el año comiendo fruta, y es que aunque apenas de tiempo a masticar entre uva y uva mientras pedimos doce deseos es una bonita manera de comenzar un año nuevo saludable. Es por eso, que el comprar chorrocientos kilos de buena uva española “por si acaso” se acerca el vecino del 5º a escuchar las campanadas, no es problema. La idea es seguir tomándolas cada día. Y no porque las uvas sean súper alimentos con propiedades inmortales. No. Me refiero al consumo diario de fruta, señores. La que sea.

Por tanto, el hecho de que tengamos uvas de aquí no es problema, pero ¿qué hacemos antes de que se estropee todo lo que se ha comprado, se ha cocinado y no se ha comido? Hablábamos el mes pasado de un consumo responsable en navidad, pero estoy segura que algún despistado no hizo los deberes y ahora necesita un plan B. ¡Voilá! He aquí 5 ideas para reciclar los ingredientes que nos han quedado en la nevera:

  • Si han sobrado entrantes. Añade cuñitas de queso o esas lonchas de jamón que han sobrado a la ensalada. En el caso de que lo que haya sobrado sean untables, apróvechalos para las tostadas de la mañana o para cenar un día tostas. Por otro lado, en muchas casas (espero que en la vuestra también), se ofrece fruta cortada a modo de aperitivo. Si es el caso, no hay mejor opción que aprovecharla para hacer macedonia, añadirla como ingrediente a ensaladas o a postres saludables. Algunos ejemplos son añadir uvas y granada a una ensalada de lechugas, queso y nueces, o cortar la fruta en trocitos y añadirlo a un yogur con copos de avena y cacao puro.
  • Si ha sobrado pescado o marisco. Una buena idea es hacer sopas o caldos que con este frio invernal será el antojo de más de uno. Otra opción es desmigar los lomos de esos trocitos de pescado y hacer hamburguesas, o si ya está cocinado añadirlos como ingredientes a una ensalada de pimientos asados.
  • Si ha sobrado carne. La versatilidad como ingrediente es muy grande y una vez desmigados esos trocitos de carne que han sobrado, pueden ser buen complemento a pastas, arroces, legumbres… o como relleno de otros platos como berenjenas y champiñones rellenos.
  • Si ha sobrado verdura. Si ya está cocinada, lo mejor es hacer cremas y purés y tener tuppers para toda la semana. Si ha sobrado medio de pimiento y cuarto de calabacín, un rápido salteado al wok o verduras al horno es acierto seguro.
  • Si han sobrado bebidas alcohólicas. Es muy común que tras recibir el año lleguen los abrazos, los besos, los petardos, los whats app y el chínchín con vino, cava o champán. Más de uno puede terminar botella en mano, pero en otros muchos hogares las botellas se quedan a medias tintas. Es por eso, que una buena manera de reutilizar estos ingredientes y evitar que las botellas abiertas de champán críen dinosaurios en la nevera, es cocinar con ellas, incluso algunas recetas ganan sabor si se les añade un chorrito de estas bebidas: carne en salsa de vino tinto, muslitos de pollo a la cerveza o pescado en salsa de cava. Al cocinarse el vapor se volatiza por lo que no hay alarma ante controles de alcoholemias ni cogorzas en la oficina, si es que comes de tupper.

De los turrones, polvorones y demás dulces, no hablamos porque estoy segura que todo el mundo compró lo justo y necesario para que a estas alturas del mes no queden restos, en cada rincón de casa, ¿verdad?

Ya hablamos hace unos meses de cocina de aprovechamiento y de cómo pequeñas acciones responsables en la compra y la cocina pueden mejorar desde la economía de nuestros bolsillos, al mundo en el que vivimos. Planificar y hacer buena gestión de lo que compramos y comemos, reutilizar ingredientes bajo el mantra “aquí no se tira nada”, aplicar la técnica ancestral de la conservación por frío y aprovechar la fortuna de disponer de un congelador en casa, comprar local y de temporada… son algunas de esas acciones que os recomiendo y que debemos poner en práctica en este año nuevo que tenemos por delante.

¡Feliz vuelta a la rutina!

Artículo escrito por Victoria Fagúndez Rodríguez, Dietista – Nutricionista. Podéis seguir a Victoria en su página de Facebook e Instagram.

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