3 mitos sobre alimentación infantil y unos consejos extra

Los mitos en alimentación y nutrición están a la orden del día, y como nutricionista apasionada, la verdad, me frustra ver cómo las estupideces que de repente titulan un artículo de prensa o las que salen por boca de un personaje famoso en televisión, terminan generando en las personas a pie de calle un jaleo mental tremendo. Que si “la fruta después de comer es mala malísima”, que si “ni se te ocurra mezclar esto con lo otro”, que si “este alimento es súper, y este otro produce cáncer…” Pero ¿sabéis qué? Entre toda la baraja de mitos, hay una carta en especial que puede conmigo, y esa es la que tiene que ver con el público más vulnerable: los niños.

Aprovechando la vuelta al cole, hoy hablamos de mitos en alimentación infantil y de tres consejos de nutricionista, ¿te vienes?

1. Necesitan azúcar para prestar atención en clase

Este primer mito me hace gracia, porque la verdad es que más que colárnoslo directamente con esas palabras (que también), se hace de una manera intrínseca y a través de un mensaje inconsciente dentro de la mayoría de anuncios publicitarios de alimentos supuestamente enfocados en el público infantil: bollería, cacaos solubles azucarados, zumos, batidos, galletas… “Compra a tus hijos estos productos que todos sabemos que no son saludables y tu niño llegará espabilado y con fuerza al cole. Además, tendrá éxito entre sus compañeros, en su expediente y crecerá”. Es lo que nos vienen a transmitir. Y no. Publicidad emocional, una vez más. Tanto en adultos, como en menores, que nuestro sustrato energético sea la glucosa, no significa que tengamos que consumir azúcar. El cuerpo adulto y los cuerpecitos niños, son sabios. Ya se encargan ellos de transformar lo que ingerimos, sea azúcar o garbanzos, en energía.

2. No pueden salir sin desayunar de casa

Por poder se puede. Eso dependerá del apetito del niño y de la regulación del mismo. El desayuno ni es obligatorio, ni es la comida más importante del día. Lo que es importante, más allá de si desayunan algo nada más levantarse, o lo hacen a la hora del recreo, es hacer una buena elección de los alimentos que se incluyen dentro de ese desayuno, pero no por no desayunar, los niños van a tener mal expediente académico. Si no tienen hambre, debemos respetarlo y cuando sí lo tengan, ofrecerles alimentos saludables.

3. Los peques tienen que comer diferente a los demás

Analicemos este mito, porque merece la pena. Antes del bombardeo publicitario y de la creación de las necesidades nutricionales en los niños… había vida. De hecho, antes de todo esto, ha habido millones de años de evolución. De verdad. Hasta hace un par de generaciones no existían ni “mi primer yogur”, ni “mi primer zumo”, ni “mi primer cacao soluble azucarado”, ni “mi primera galleta”. No. No existían, y aquí estamos todos. Que nos vendan necesidades específicas para cubrir requerimientos nutricionales infantiles se aproxima más a una (otra) técnica de venta por parte de la industria alimentaria que, desde luego, la selección natural de Darwin. No porque a nuestros peques les demos cereales enriquecidos en millones de vitaminas y compuestos impronunciables serán más sanos. Al contrario. ¿Os habéis fijado que tipo de productos alegan en su marketing este tipo de enriquecimientos que poco más y rozan los superpoderes? Exacto. Galletas, cereales de desayuno, postres lácteos, y un largo etc. Los tomates y los plátanos no. Ya los llevan en su matriz natural. No hace falta camuflar sus perjuicios con sus bondades enriquecidas, sencillamente porque son alimentos reales y saludables.

Lo que quiero decir, es que, si hemos llegado hasta la era tecnológica alimentándonos de una manera, y casualmente, estamos enfermando por alimentarnos desde hace pocos años con una oferta enorme de alimentos que antes no existían, quizás tenga algo que ver. Los niños, hace unas décadas no consumían “alimentos para niños”. Ni potitos, ni leches de continuación.

Los peques de la casa son seres humanos igual. Pueden y deben comer lo mismo que los adultos pero en menor cantidad. Obviamente, no me refiero a los primeros meses de vida, ni a casos concretos de vulnerabilidad, si no a su alimentación una vez que termina la fase de alimentación complementaria. Así que, dejémonos de tonterías y ofrezcámosles alimentos saludables, de calidad, y dentro del mismo patrón alimentario de casa. En otras palabras: Si los adultos toman merluza, no ofrezcamos a los niños barritas de merluza congeladas, rebozadas y fritas, porque su calidad se asemeja más a la de un churro, que a la de una merluza y hará que cuando crezcan, no les guste la merluza.

5 consejos simples para crear buenos hábitos alimentarios en los niños. Palabrita de nutricionista.

1. Involucra a los pequeños de la casa en la compra

Llevar a los peques al mercado, a conocer las materias primas y por qué no, a los productores, además de enriquecer su relación con la alimentación saludable, servirá para que entiendan de dónde salen algunos alimentos, incluso se sentirán con cierta responsabilidad si les dejamos escoger.

2. Involucra a los pequeños de la casa en la cocina

Volvemos al sentimiento de responsabilidad. Permitir (siempre con un ojo encima de ellos, por supuesto), que los peques ayuden en la preparación de alimentos generará un vínculo y un aprendizaje hacia la formación de hábitos saludables. Además, incluirlos en la elección de la comida hará que después quieran probar lo que ellos mismos prepararon. Tareas como lavar, amasar, mezclar no suponen riesgo alguno por lo que… ¿y si dejamos de mandarles a ver la tele mientras nosotros cocinamos?

3. Involucra a los pequeños de la casa en la mesa

Del mismo modo, ayudar a poner la mesa forma parte de la experiencia que supone comer saludablemente, en familia y tranquilamente. Son pequeños gestos que nuestros pequeños interiorizarán como hábitos y ya sabéis, que uno que pasamos por alto y que es muy importante es disfrutar de la comida en un ambiente agradable y tranquilo.

4. Da ejemplo

Si queremos que nuestros niños coman bien y tengan interiorizados una relación sana con la alimentación y unos buenos hábitos alimentarios, no hay más que dar ejemplo. Permitirles que interioricen los hábitos del entorno que les rodea. El ejemplo es la mejor forma de educar.

5. Disfrutad, adultos y niños.

Ahora sí que sí… ¡Feliz rentrée!

Artículo escrito por Victoria Fagúndez Rodríguez, Dietista – Nutricionista. Podéis seguir a Victoria en su página de Facebook e Instagram

 

 

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