Calentemos nuestros platos, no el clima

La Tierra arde, ¿y si bajamos el termostato? Compartimos trucos para crear un menú que ayude a bajar las emisiones de gases de efecto invernadero, y no al contrario.

Antes que nada, conviene recordar algunas cifras que de seguro nos quitarán el apetito. Un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero provienen del sector agroalimentario, según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura).

La mitad se debe a la producción agrícola: uso de fertilizantes y energía, excrementos de animales… El resto está vinculado a la fabricación de envases, transformación, transporte y comercialización de alimentos (20%), el desplazamiento de los consumidores a las tiendas (11%), el tratamiento de residuos alimentarios (7%), etc.

Para que el panorama sea más completo, tendríamos que agregar las emisiones de gases de efecto invernadero vinculadas a las importaciones, pero bueno, si hacemos esto, ya seguro que nos quedamos sin hambre.

Entonces ¿qué comemos?

1- Tomates en verano y de la huerta de al lado

Un tomate producido fuera de temporada en un invernadero con calefacción emite hasta diez veces más gases de efecto invernadero que un tomate producido al aire libre o en un invernadero sin calefacción, durante su temporada (es decir, en pleno verano, desde finales de junio hasta finales de septiembre. A veces, y dado las olas de calor cada vez más frecuentes, la temporada puede alargarse un poco).

2- Filete de ternera pocas veces, y no un filete cualquiera

Cuando la vaca ha sido criada en el interior, alimentada con soja procedente de la deforestación (la clorofila de las hojas absorbe CO2, así que si no hay más árboles, ¿qué limpiará el ambiente?) o cereales llenos de aportes químicos, mejor olvídate de tu bistec.

En cambio, si eliges carne de una granja local donde los animales pueden deambular por las praderas (que absorben carbono), sólo se alimentan con heno, hierba, legumbres y cereales de calidad, se ahorra un 30% de CO2 en comparación con la ganadería industrial (según cálculos de Slow Food).

Además, debes saber que un kilo de carne de vacuno ecológica supone un tercio menos de gases de efecto invernadero que un kilo de producción convencional.

Así que si quieres ser compatible con el clima, en lo que respecta a la barbacoa, tendrás que comer menos pero comer mejor.

3- Decimos ¡Sï! a las legumbres

Las legumbres son las niñas mimadas del clima. En primer lugar, porque producir un kilo de legumbres emite 200 gramos de CO2 equivalente, que es 90 veces menos que un kilo de carne de vacuno alimentada con soja procedente de América del Sur.

Luego porque, en el campo, los guisantes y otras legumbres absorben el 78% del nitrógeno que compone el aire y lo devuelven al suelo a través de las raíces. Ya no es necesario utilizar fertilizantes sintéticos, la propia planta los produce.

Así que es comer legumbres es sin duda una buena ayuda para el clima. A menos que las compres congeladas claro; en este caso dejarán de ser favoritas a causa de los gases fluorados procedentes de la refrigeración: CFC, HFC, PFC, SF, etc.

4- Manzanas ecológicas locales recogidas en bicicleta

El cultivo de manzanas ecológicas emite un 81% menos de CO2 que la manzana cultivada de forma intensiva. La tendencia es parecida con otras frutas y verduras.

Eso sí, no cojas el coche para recoger la fruta. Si es posible, ve caminando, en bici… o en patinete. En el caso de tener que coger el coche, se aconseja que para limitar las emisiones de gases de efecto invernadero compres al menos 2,5 kilos de productos por cada kilómetro recorrido en coche para llegar al punto de venta. ¡Saca la calculadora!

5- Desnuda la fruta

Recordamos el movimiento que empezó hace unos años de #Desnudalafruta, para recordar que no es normal que las frutas y verduras estén envueltas en plástico, como pasa en los supermercados.

La fabricación de envases y el procesamiento de alimentos representan el 9% de los gases de efecto invernadero emitidos por el sector agroalimentario.

Un kilo de envases de plástico equivale aproximadamente a un kilo de emisiones de gases de efecto invernadero (fabricación e incineración). ¿Buscas recetas caseras? Eso es bueno, tenemos muchas en nuestro blog.

6- Vino naturalmente natural

Antes de levantar el codo, recuerda que el 20% de los pesticidas se destinan a viñedos que sólo representan el 4% de la superficie cultivada. Pero quien dice pesticidas dice gases de efecto invernadero. Y siempre que utilicen productos químicos, los viticultores no escatiman en fertilizantes nitrogenados que emiten óxido nitroso (N2O). Este gas de efecto invernadero es el que permanece en la atmósfera durante más tiempo, ciento veinte años, frente a los cien años del CO2 y los doce años del metano.

Por eso, para beber de forma sostenible, preferimos vinos ecológicos o naturales. De esta manera garantizamos que las generaciones futuras también podrán disfrutar de una buena botella de Rioja en las noches de verano.

7- Mariscos y crustáceos de casa

Tengo buenas noticias y malas noticias. La buena noticia es que los crustáceos y los mariscos contribuyen a la reducción de los gasos de efecto invernadero al absorber carbono para fabricar sus conchas.

La mala noticia es que si no hacemos nada, nuestro plato de mariscos será una de las primeras víctimas del calentamiento global. De hecho, un aumento de las temperaturas provocaría una acidificación del agua, lo que está completamente contraindicado para la formación de estas mismas conchas.

Evidentemente la idea es comprar marisco de nuestras costas y olvidarnos de las gambas de Madagascar, ya que sino el impacto positivo para el clima ya no tiene lugar. Obviamente.

Entonces estamos de acuerdo, ¿no?

Lo ideal para el planeta es que todas y todos hagamos la transición hacia lo ecológico, local, de temporada, directo del productor, sin envases ni residuos.

Verás, además, que es pura felicidad y ¡es mejor para tu salud!

Escrito por Hélène Binet.

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