Salvaje: una mirada fresca y novedosa de nuestra vida rural

Salvaje nos cautivó desde el inicio, hace poco más de un año. Primero por la calidad de su diseño y sus fotos cargadas de emotividad, y luego por su genial eslogan: «la revista que quiere sacarte al campo». Ahora por fin podemos leer su contenido y afirmar que las historias que inspiran, su ritmo tranquilo y la conexión con la naturaleza te acompañas en un viaje de no retorno. Bye bye móvil, hola campo.

Nos cuenta un poco más Guillermo López Linares, creador –junto a María Eugenia Redondo y Luis Torres – de este nuevo proyecto editorial, la revista trimestral y en papel que se llama Salvaje.

Hace poco más de un año que nació Salvaje, ¿cuál sería el titular de este primer año?

«Esperanza en medio del caos». No voy a descubrirle nada a nadie diciendo que este 2020 que se acaba ha sido un año muy complicado para todo el mundo, pero en el caso concreto de nuestra revista, la pandemia golpeó cuando llevábamos tan solo tres números publicados. Y aunque no nos quejamos por la marcha del proyecto, la situación ha hecho que nos sea imposible sacar algún tipo de enseñanza o proyección de futuro. ¿Nos ha ido bien este 2020 porque el confinamiento hizo que los lectores buscasen temáticas de naturaleza y campo con las que fantasear? ¿O nos podría haber ido mucho mejor sin la crisis económica? No podemos saberlo, así que la sensación que nos queda es que avanzamos a ciegas sin datos fiables a los que acudir, pero creemos intuir cierta luz al final del tunel.

Tengo entendido que es un proyecto que nació de una necesidad personal, ¿nos la desvelas?

Yo siempre he sentido una vinculación personal muy estrecha con la naturaleza, de hecho estudié Ciencias Ambientales porque quería dedicarme a algo que garantizase la conservación y el acceso de todo el mundo a ese lujo tan necesario que es nuestro medio ambiente. La vida hizo que desarrollase mi carrera profesional en el sector de los medios de comunicación, pero después de una década volcado en los medios digitales y en particular en cómo hacer que las audiencias creciesen a través de las redes sociales, sufrí una crisis de fe. Sentía que estábamos perjudicando tanto al periodismo como a los ciudadanos y la propia democracia, así que decidí arrancar un proyecto personal donde trabajar en el sentido contrario, y elegí la naturaleza y el campo como temática para así reencontrarme con mi vocación primera.

¿Podríamos decir que con esta revista estáis apostando por el ritmo slow de la naturaleza, en lugar del frenético que impone la saturación de información? ¿De ahí vuestro genial eslogan: «La revista que quiere sacarte al campo»?

El eslogan tiene un doble sentido: por un lado queremos que los lectores sientan ganas físicas de salir al monte después de leer la revista, y por otro queremos que nuestros reportajes e historias les transporten mentalmente a un lugar más tranquilo, más profundo, menos estresante. Por eso apostamos por el papel, para servir como excusa para dejar de mirar las pantallas durante un rato, y también apostamos por historias largas, bien reporteadas y escritas, con fotografías e ilustraciones de calidad que ayuden a hacer ese viaje mental. Todo con el objetivo de bajar revoluciones e intentar recuperar nuestra atención y nuestras mentes aunque sea durante unos minutos.

Salvaje es un retrato de nuestra España rural, pero con historias muy frescas e inspiradoras y un formato muy actual. ¿Cuál es lo novedoso de este planteamiento?

De la España rural se ha hablado mucho, y en muchas ocasiones con una calidad artística o literaria sobresaliente. En cine tenemos las películas de Paco Martínez Soria, «Los Santos Inocentes», «Las Hurdes» de Buñuel; en literatura a Delibes, «La familia de Pascual Duarte» de Cela… Pero todas estas obras tenían en común el mostrar una imagen pesimista y oscura de nuestro campo, que quizás tuviese una raíz de verdad en su momento, pero que no contaba todas las facetas y que en pleno 2020 no se corresponde con lo que son nuestros pueblos.

Nosotros nos hemos planteado buscar historias interesantes e inspiradoras que suceden fuera de nuestras ciudades como si fuese la primera vez que nos asomamos a nuestro campo, y creo que esa mirada fresca es lo que hace que la revista parezca novedosa a pesar de hablar de algo que ha estado siempre ahí.

¿Nos cuentas alguna de las historias o temas que podemos encontrar dentro de la revista? ¿No solo habláis de agricultores, verdad?

Uno de nuestros objetivos en esa búsqueda de ofrecer una mirada diferente a la habitual es no hablar solo de agricultura y ganadería. Por supuesto que el campo no tendría sentido sin su faceta productora, y la reivindicamos y queremos explorar sus problemáticas y sus retos actuales, pero buscamos hablar de todas las demás facetas de la vida rural.

En nuestra revista puedes encontrar temas de temática social, como las dificultades para acceder a la vivienda o la labor de las cuidadoras a domicilio de personas dependientes; hablamos de artesanía y creación, entrevistando a alfareros alicantinos que hacen botijos de diseño o jóvenes artistas como Los Bravú; hay literatura y poesía, con textos de Julio Llamazares, Irene Solá, Sergio del Molino, Sabina Urraca, Maribel Andrés Llamero; llevamos fotografías e ilustraciones de artistas de primera fila; y, por supuesto, hay agricultores.

Uno de mis reportajes favoritos es el que dedicamos en el nº2 a la plaga del topillo, en el que creo que aportamos una visión global oyendo todas las voces implicadas en el problema, pero también recogemos proyectos innovadores como los de Bravanariz o Orballo, o historias sorprendentes como el de la cuadrilla de vendimiadores rastafari que recoge la uva en la Ribeira Sacra. La idea es que a cada vuelta de página encuentres una historia que te sorprende y sobre todo que te resulte interesante.

Comentaste en una entrevista «Me parecía muy importante trabajar la parte del discurso. Porque es lo primero que hay que cambiar para revertir la tendencia a la despoblación». ¿Cómo conseguís esta apuesta optimista?

Nuestra primera intención era hacer una revista optimista, que contase solo historias positivas para contrarrestar toda la carga negativa asociada a nuestro medio rural. Pero pronto desechamos esa idea: nos parecía tramposo contar solo lo bueno cuando la realidad del campo es que se enfrenta a problemas y retos enormes. Así que nuestra apuesta finalmente es hablar tanto de lo negativo como de lo positivo, pero hacerlo de una manera en la que resulte, sobre todo, interesante: creemos que el principal problema en el discurso imperante es que transmite que los pueblos son lugares aburridos en los que nunca pasa nada. Ese nos parece el principal tópico a desmontar. Una pareja joven que busque un lugar donde establecerse podrá encarar la falta de trabajo o de servicios públicos, pero nunca querrá vivir en un sitio aburrido. Y como tenemos pruebas de sobra de que eso no es cierto, y de que están pasando muchísimas cosas muy interesantes en los pueblos, eso es lo que queremos contar.

También hay una sección para los más pequeños llamada «Salvajito». Nos cuentas un poco más el por qué de esta mirada.

Cuando me planteé hacer una revista en papel, uno de los principales referentes que me vinieron a la cabeza fue «El País Semanal» que mi familia compraba durante mi infancia. Recuerdo que el domingo era un día especial porque entre las páginas del semanal estaba «El Pequeño País», una revista hecha expresamente para mí. Así que pensé que si iba a hacer una revista, quería que los lectores más jóvenes compartiesen esa sensación que yo disfrutaba tanto. Y gracias al trabajo de Carmen Pacheco, que escribe los textos, y una serie de magníficas ilustradoras con las que vamos colaborando en cada número, creo que hemos conseguido transmitirla.

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