El ZERO WASTE no existe

Salvo que estés leyendo este correo desde un rancho en California, te alimentes de lo que cultivas y crías, y tus hijos vayan a caballo al colegio, mucho me temo que será casi imposible que puedas practicar el “zero waste”. No obstante, seguimos celebrando las modas que hacen bien, en este caso, a nuestro planeta. Una filosofía de vida basada en el residuo cero o zero waste, a priori puede asustar mucho, y, de hecho, para muchos es cosa de “hippies”, “freacks” y locos.

Todos estamos al corriente del cambio climático y los daños irreversibles que podemos causar en el planeta si no cambiamos nuestros hábitos de vida ya mismo, y, lo que es más importante, dejamos de explotar los recursos como si hubiera otro planeta al que ir a vivir en 30 años. 

Son muchos los ámbitos en los que hay que trabajar. La regulación del tráfico aéreo, las emisiones de carbono en las ciudades e industrias, la regulación de muchas prácticas para empresas y habitantes… y seguro que cientos más. Todo ello es tema de gobiernos. Pero nosotros, los ciudadanos de a pie ¿qué podemos hacer? Además de votar, yo creo que mucho, porque somos los que marcamos la tendencia, los que decimos a las grandes compañías lo que queremos consumir, y cuándo. Los que podemos hacer el cambio, y si no, díganselo a Greta Thunberg, una estudiante de Stockolmo que empezó en abril del 2018 a protestar frente a su parlamento, todos los viernes, exigiendo acciones y medidas para frenar el cambio climático. Hoy en día, millones de jóvenes, profesores y padres, se unieron a este movimiento, para alzar la voz y ser escuchados de una vez por todas.

NO NECESITAMOS A UN AMBIENTALISTA PERFECTO, NECESITAMOS A MILLONES DE AMBIENTALISTAS IMPERFECTOS TOMANDO ACCIONES TODOS LOS DÍAS. 

¿Qué hábitos podemos cambiar para reducir residuos?

En primer lugar, tatuarnos en el cortex prefontal el lema “REDUCIR, REUSAR Y REUTILIZAR”. Tenemos muuuchas cosas. Las grandes empresas, cuyo principal negocio ha sido siempre NUESTRA FELICIDAD, nos han hecho creer que necesitamos consumir para ser felices. O que realmente necesitamos la cantidad de bártulos, ropa, calzado, juguetes y utensillos varios que habitan nuestras casas y trasteros. Pues bien, ha llegado el momento de replantearnos, soltar aquellos que no necesitamos, y darle una segunda vida.

Acciones concretas:

CHAU PLÁSTICO DE UN SOLO USO: utilizar bolsas de tela, bolsas de rejilla para la fruta y verdura a granel, no comprar productos que vengan envueltos en plástico, despedirnos del agua embotellada en plástico, consumir cosmética sólida, comprar a granel, y por supuesto, si un plástico cae en tus manos y no puedes darle una segunda vida: RECICLARLO CORRECTAMENTE.

INCORPORA LO REUTILIZABLE A TU VIDA: botellas de agua reutilizables, vasos o tazas para el café para llevar, pajitas de acero inoxidable, envoltorios de alimentos reutilizables, tuppers y frascos de vidrio o acero inoxidable para almacenar y transportar comida. 

SIMPLIFICA TUS HÁBITOS DE HIGIENE Y LIMPIEZA: pásate al jabón en pastilla y shampoo sólido (ya si lo haces tú es tocar el cielo con las manos), pásate a la cosmética respetuosa con el medio ambiente, incorpora a la limpieza del hogar el vinagre y el bicarbonato, y deshazte de tantos botes que llenan nuestras aguas de microplásitco y químicos que acaban con nuestra fauna y flora marina. Compra productos de limpieza a granel, y verás como terminas haciendo tus propias fórmulas de productos de higiene y limpieza.

CONSUME DE FORMA RESPONSABLE: En un mundo donde a golpe de click tenemos lo que queremos en 24hs en casa, el consumismo como saciante de la constante busca de la felicidad, nos ha convertido en seres consumistas que viven rodeados de cosas que no necesitan. Alternativas: rechazar cosas innecesarias, comprar de segunda mano, dar una segunda vida a las cosas que no utilizamos, reutilizar hasta la muerte las cosas que tenemos, comprar en comercios de barrio a los que podemos ir a pie.

MUÉVETE SIN EMISIONES: transporte público, bici, a pie, vehículo eléctrico… hay muchas soluciones. En una ciudad donde siempre vamos tarde, todos tenemos distintos tiempos y el estrés se respira en cada rincón, probablemente este sea el hábito más difícil de cambiar, pero por el contrario, el que más contaminación trae a las ciudades. Aunque solo podamos hacer 1 día de transporte con menos emisiones, siempre es más que ninguno. 

ALIMENTACIÓN: comer de temporada, productos locales que hayan recorrido pocos kilómetros hasta nuestra mesa, alimentos sin procesar, reducir el consumo de carne, y que la carne que consumamos sea fruto de prácticas lo más sostenible posibles, comprar a granel y siempre ver el origen de nuestros alimentos. Apostar por aquellos cuyos envases sean reutilizables o menos dañinos con nuestro planeta.

Seguro hay más cosas que podemos hacer, no soy experta, mas bien una urbanita que lucha día a día por generar menos residuo. El primer paso es querer, y empezar cambiando hábitos. A lo mejor tardáis un año en dejar vuestro baño libre de botes, botecitos, frascos y miles de muestras de cosmética (muchas veces caducada). Es un paso, y cada paso que avanzamos, granito de arena que sumamos, que contagia, e incentiva a ir siempre más allá. Hasta que un día seremos toda una sociedad que se haya acostumbrado a vivir respetando nuestra fuente de alimento y oxígeno, encontrando la felicidad en la diversidad de flora y fauna que hemos podido conservar. Tal vez sea un pensamiento demasiado optimista, pero hay que aferrarse a él y empezar el cambio HOY. ¿cuál va a ser tu primer paso?

Escrito por Laura Pedrero, promotora de Fridays for Future en un colegio de Madrid y Responsable de La Colmena El Bosque

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