¿Refrescos saludables? Te enseñamos a hacerlos

Estamos en pleno verano, el calor aprieta y las terrazas de toda España se llenan. Nos asoma la duda de siempre, ¿qué puedo pedir de beber en un bar para refrescarme de forma saludable y disfrutar a pleno sol?

Sabemos que las cervezas no son tan saludables como nos dicen a menudo los titulares de prensa. Tienen alcohol, que además de ser tóxico para nuestro cuerpo, deshidrata, lo cual significa que es un arma de doble filo si a “refrescar” nos referimos. Por otro lado, sabemos que los refrescos comerciales tienen una contribución negativa en nuestra salud, bien sean azucarados o edulcorados. Ya lo siento… pero los edulcorados, “zero”, “sin azucares” o “light” tampoco son mano de sano, y es que, el hecho de que un refresco no aporte energía (el famoso, “sin calorías”), no significa que sea inocuo para nuestro cuerpo, al contrario. Este tipo de bebidas sin calorías, hacen bulling al azúcar en la lista de ingredientes, pero obviamente, deben mantener su sabor adictivo para que el consumidor siga siéndolo, por lo que le otorgan el poder a los edulcorantes. Edulcorantes variopintos, solos o combinados entre sí, que terminan creando un coctel molotov para nuestra flora intestinal. Sí, esa gran olvidada que día a día cobra más importancia en el ámbito de la investigación científica y a la que se la empieza a considerar como “el segundo cerebro”. Ya lo decían nuestros antepasados, “la salud empieza y termina en el intestino”. Grandes sabios.

La mala noticia, es que por regla general, los bares y terrazas no nos lo ponen fácil con su oferta de bebidas. La buena noticia es que nosotros tenemos recursos para poder escoger opciones refrescantes y ser la envidia del local. Desde el clásico café con hielo (¿por qué no?), hasta un refresco de limón de lo más natural. ¿Cómo? Apunte, Mr. waiter:

  • Agua con gas
  • Hielos
  • Rodajas de limón

Tan fácil como eso. Si hay suerte, puede que tengan hasta unas hojas de menta o hierbabuena que combinan perfectamente. Esto es extrapolable a naranja, pomelo y lima. Puede que te suene raro, pero créeme, en los bares se están acostumbrando a este tipo de demanda. Añade las rodajas de limón al agua con gas con hielo y deja 5 minutos para que el agua tome el sabor del limón.

¿Más opciones? Tu infusión favorita con hielos, cerveza sin alcohol o zumos de tomate (recomiendo este y no otros zumos, por su bajo contenido en azúcar).

Muchas veces, tomamos la decisión automática de pedir un refresco comercial por asociarlo a este tipo de situación y por falta de información, por lo que os animo a que a partir de ahora, antes de pedir en modo automático un refresco comercial en un bar, te pares a pensar qué opciones puedes escoger para disfrutar con salud y decidáis en base a alternativas saludables.

¿Y en casa?

¡En casa sólo hay que darle rienda a la imaginación porque las opciones son ilimitadas! Lo primero es no comprar refrescos comerciales. Si no los tenemos en casa, no los consumiremos. Lógico.

Lo segundo es querer probar refrescos caseros con tus ingredientes favoritos. ¡Ojo al dato, que os digo el truco del almendruco para saber cómo hacerlos!

  1. La base debe ser el agua natural o el agua con gas, en función del efecto que queramos conseguir sobre el refresco.
  2. Fruta y hortalizas locales y de temporada: Cualquier fruta rica en agua son el complemento directo y perfecto para los refrescos. Por si las moscas, siempre es bueno tener fruta congelada en el banquillo.
  3. Hielos: Las opciones a la hora de crear hielos saborizantes son ilimiatadas. Añádelos tal cual o pícalos si quieres una textura tipo granizado.
  4. Complementos: Aguas saborizantes como el agua de coco o un chorrito de alguna bebida vegetal; hierbas frescas como menta, hierbabuena, romero, albahaca… además de aportar sabor, incrementan la sensación de frescor al refresco. Para esto, raíces como jengibre vienen bien; hierbas secas, tés, rooibos… siempre aportarán sabor al refresco. Por último, si eres de los más golosos, añade un toque de dulzor a partir de endulzantes naturales como canela, dátiles, cacao puro o vainilla.

Elaboración en frío: Basta con añadir los ingredientes y refrigerar decidiendo finalmente si añadir cubitos de hielo o no. Otra opción es congelar el refresco en botellitas individuales y pasadas un par de horas picar el hielo que se haya formado a modo de granizado. En este último caso, es importante no pasarse con el tiempo de congelación ni llenar hasta el tope el contenido si el refresco está depositado en jarritas de cristal ya que es frecuente que debido a la presión haya una ligera explosión en casa.

Elaboración en caliente: Se trata de infusionar los ingredientes en agua caliente, para extraer mayor sabor y después atemperar y refrigerar como si fuese elaborado en frío. Por ejemplo, sería el caso de las infusiones de las especias o raíces como el jengibre. Recuerda que es importante atemperar y refrigerar para poder disfrutar del refresco bien frío.

El resultado será una bebida con sabor ligero a los ingredientes que hayamos seleccionado, refrescante y saludable. La imaginación es infinita y la prueba y error harán definir el refresco favorito de cada uno.

¿Y en la playa o en la piscina?

¡Estas mismas bebidas caseras, transportadas en un termo, son ideales para llevárnoslas de pingo! Tendemos a asociar los termos al poder protector de las bebidas calientes, pero ojo, que también nos permiten mantener el fresquito! Es hora de desempolvarlo y meterlo en la cesta… porque este verano nos vamos a combatir el calor de forma saludable.

Escrito por: Victoria Fagúndez, Dietista – Nutricionista

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