¿QUIÉN MUEVE LOS HILOS DE LA AGRICULTURA ECOLÓGICA? INVESTIGACIÓN Y REVELACIONES.

Soy detective. Los nombres, los hechos, las fechas, los desaparecidos: todo lo descubro gracias a mi olfato. Sin embargo, el dinero no tiene olor; ofrezco mis servicios al mejor postor. En el ambiente me llaman «la mangosta». Esta mañana los chicos de The Food Assembly han llamado a mi puerta con una misión: «descubrir quién se esconde detrás de la agricultura ecológica y quién pone las reglas de juego en este medio». Les he preguntado: «¿Y qué me ofrecen a cambio?» Me respondieron: «Dos kilos de acedera, en caja». Bingo, me comprometí a hacer la investigación.

¿La sonrisa de un agricultor ecológico disimula una maquinación? (en la imagen, Michel, arboricultor y proveedor de Assemblies en la región de Nord-Pas-de-Calais).

¿La sonrisa de un agricultor ecológico disimula una maquinación?
(en la imagen, Michel, arboricultor y proveedor de Assemblies en la región de Nord-Pas-de-Calais).

Conozco bastante sobre la mafia napolitana, las pandillas de El Paso o los Yakuzas. Pero con la red de agricultura ecológica, fue empezar de cero. Debo decir que todos mis contactos adoptaban una actitud nihilista sobre este tema: «La agricultura ecológica no existe», «Son chorradas», «Es una estafa para burgueses-bohemios», «No se entiende nada», «No está claro». ¿Quizás tenían miedo de hablar? Es posible. Este asunto se volvía tan turbio como un whisky no filtrado. Decidí informarme más sobre este movimiento revisando los archivos de los últimos años.

Como corriente de ideas, la agricultura ecológica puede atribuirse influencias tan contradictorias como las de Masanobu Fukuoka (tendencia espiritual), de Rudolf Steiner (tendencia esotérica) o de Albert Howard (tendencia científica). Pero en los hechos, la noción de agricultura ecológica se ha generalizado solamente después de la Segunda Guerra Mundial, como reacción frente a la agricultura química y productivista que se imponía en Europa (1). Muchos se resistieron: querían seguir trabajando y comiendo como lo habían hecho sus padres, y los padres de sus padres y sus antepasados desde hace 10.000 años. Fue entonces que tuve una revelación que me atravesó los sesos como una bala magnum 357: la agricultura química logró usurpar el nombre de «agricultura convencional», cuando en realidad, es ella la alternativa, la nueva, cuyos efectos a largo plazo no se conocen bien. Por supuesto, los grupos de presión de Dupont, Bayer, Monsanto y compañía han hecho buenas inversiones en buenos lugares. En todos lados se ha hecho un lavado de cerebros. Incluso Bruno Le Maire, ministro de agricultura en ese entonces, participaba en esta farsa cuando declaró en 2011 (2): «No les hagamos creer a los franceses que podremos cultivar manzanas, peras o frutas sin ningún pesticida: eso siempre ha existido y seguirá existiendo». Si tuviésemos que tomarnos enserio esta declaración, entonces habría que decir que las manzanas y las peras aparecieron en la década de 1960. Hay que tener en cuenta también que la industria agroalimentaria es la primera industria de Francia; por eso los políticos evitan tomar el toro por las astas (3).

¿Pero cómo hacíamos para cultivar manzanas cuando no había pesticidas?

¿Pero cómo hacíamos para cultivar manzanas cuando no había pesticidas?

Un pequeño resumen. Al principio, los partidarios de la agricultura ecológica no eran bobalicones ni «bohemios-burgueses-ecologistas». Todo lo contrario: eran campesinos un poco conservadores, gente sencilla. Y esta normalidad, la reivindican desde 1952 mediante la AFRAN, Asociación Francesa para una Alimentación Normal. Y luego, las iniciativas se multiplicaron. Siguieron la GABO (Agrupación de Agricultura Ecológica del Oeste), la AFAB (Asoaciación Francesa de Agricultura Ecológica) y, en 1964, Nature et Progrès, la asociación que redactó el primer estatuto de agricultura ecológica. Su principio fundamental: nada de química sintética. Para hacer respetar esta regla, implementaron entre ellos un sistema de auto-control muy eficaz. En 1985, el gobierno francés retomó el control del asunto y creó la denominación de agricultura ecológica oficial, cuyo logotipo ahora todos conocemos. La marca «Agriculture Biologique» (Agricultura ecológica) pasó a ser propiedad del Ministerio de Agricultura, quien es desde entonces el encargado de autorizar a las empresas privadas a otorgar esta certificación. En la actualidad, hay 8 organismos que otorgan certificaciones; en otra investigación me dedico a ellos. Nature et Progrès sigue otorgando la etiqueta que lleva su nombre, de manera independiente hasta el día de hoy, pero sin poder reivindicar la denominación «agricultura ecológica». ¿Entonces, al fin de cuentas, esto quiere decir que la agricultura ecológica se ha convertido en una cuestión de Estado? No está tan claro. Según mis fuentes, los patrones habrían cambiado discretamente en el transcurso de los últimos años. A partir de ese momento, la gestión de la denominación «Agricultura ecológica» depende de la Unión Europea: es allí en donde se establecen las normas. Mi investigación tomó un rumbo inesperado. Me puse mi sombrero de fieltro y cogí el primer tren con destino a Bruselas, totalmente decidido a descubrir por fin la verdad.

¿Quiénes son los grandes mandamases de la agricultura ecológica? Son ellos. Les muestro una foto.

¿Quiénes son los grandes mandamases de la agricultura ecológica? Son ellos. Les muestro una foto.

Una vez allí, contacté con mi informante. Lo esperé en la esquina del Manneken-Pis fumando un Winston, envuelto en mi impermeable beige, ya amarillento por los años. Cuando llegó, me llevó hasta la puerta de la Comisión Europea, en la esquina del Bv. Charlemagne y la Rue de la Loi. Me abrió la puerta trasera y me infiltré por las cocinas. Una vez arriba, divisé a los pesos pesados. Los que toman realmente las decisiones se encuentran en el «Comité Permanente de Agricultura Ecológica»; son ellos los que poseen el monopolio de la iniciativa (4). Se trata de 27 señores que se reúnen 6 veces por semana, aproximadamente, siendo cada uno de ellos delegado de un Estado miembro de la Unión Europa. Presentan propuestas sobre el reglamento, en colaboración con las partes involucradas (sindicatos agrícolas, ONG, etc.). Luego, debaten y, llegado el caso, votan el reglamento y adoptan la decisión votada por la mayoría. Vale aclarar que no es todo tan secreto como parece: publican las actas de cada reunión que se lleva a cabo. Una vez adoptado un reglamento, los Estados miembros se contentan con aplicarlo. En Francia, por ejemplo, es el Ministerio de Agricultura el que transmite las órdenes. Su rol consiste, sobre todo, en supervisar las actividades de los organismos certificadores privados: en caso de incumplimiento, les retira la autorización. Además de eso, envía periódicamente informes a la Comisión Europea para que esta también pueda supervisar la gestión de la denominación en todo el continente.

Esta uniformación europea terminó de concretarse en 2009: las marcas nacionales han desaparecido y han sido reemplazadas por el logotipo de agricultura ecológica europeo (la pequeña hoja sobre fondo verde). La transición no fue del agrado de todo el mundo. En muchos países ha representado un avance, pero en Francia, esta nueva serie de cambios resulta menos exigente que la denominación anterior. En respuesta a esto, nuestros contestatarios han vuelto a la carga: nuevas denominaciones (como la Bio Cohérence) y antiguas denominaciones (como Nature et Progrès) reivindican con fuerza las reglamentaciones más estrictas y más completas y, lo que es más destacable, incorporan además aspectos humanos y sociales.

Logos para todos A la izquierda, el nuevo logo "Bio Cohérence". En medio, el logo francés de agricultura ecológica que ya no está en vigor (su utilización es opcional). A la derecha, el logotipo europeo vigente en la actualidad (su utilización es obligatoria).

Logos para todos
A la izquierda, el nuevo logo «Bio Cohérence». En medio, el logo francés de agricultura ecológica que ya no está en vigor (su utilización es opcional). A la derecha, el logotipo europeo vigente en la actualidad (su utilización es obligatoria).

En el tren de regreso, mi mirada se perdía en el horizonte, lejos en el campo. La lluvia golpeaba contra el vidrio. Todas las piezas del rompecabezas empezaron a encajar en mi cabeza. Por fin lo entendí. En realidad, la agricultura ecológica existe desde siempre, pero es la primera vez en la historia que debe justificarse, protegerse y ganar más visibilidad. Por este camino, la ruta será larga y los debates numerosos. Pero mañana, la agricultura ecológica volverá a ser la norma y no la excepción.
Caso resuelto.


(1) Philippe Baqué, «Florissante industrie de l’agriculture biologique», Le Monde Diplomatique, février 2011 ; http://www.monde-diplomatique.fr/2011/02/BAQUE/20129

(2) Marie-Monique Robin, «Le plus gros mensonge proféré par l’industrie chimique», Huffington Post, 16 novembre 2012 ; http://www.huffingtonpost.fr/mariemonique-robin/agriculture-biologique-pesticides-mensonges_b_1967202.html

(3) Fabrice Nicolino, «Lobby agroalimentaire : pourquoi ils tiennent le manche», Charlie Hebdo, 22 avril 2013 ; http://www.charliehebdo.fr/news/hors-serie-malbouffe-lobby-agroalimentaire-824.html

(4) Site de la Fédération Nationale d’Agriculture Biologique (page «Réglementation») ; http://www.fnab.org/index.php?option=com_content&view=category&layout=blog&id=8&Itemid=17

Si te gustan nuestros artículos, déjanos un comentario en nuestra página de Facebook. Descubre La Colmena que dice Sí aquí

comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *