4 mitos alimentarios y remedios para curar catarros

Febrero es el mes de San Valentín, de San Modesto y del Santo Catarro, porque es en este mes cuando viajar en metro, o coger cacahuetes salados de la barra del bar se convierten en deportes de riesgo. ¡Atchís!

La verdad es que los meses de frío traen resfriados que nos dejan tan débiles como superman delante de criptonita, y aunque la televisión nos atonte con verdades absolutas como que todo mal termina dónde empiezan los zumitos de limón con miel, los caramelitos de menta y el amor de madre, como siempre, hay más “placebismo” del que la ciencia aprueba.

Por todo este jaleo de mitos circulantes, he recogido los más polémicos en cuanto a alimentación, virus y bacterias:

  • Vitamina C: “tómate un zumo de naranja para curar ese catarro”, “baja a la farmacia a por pastillas de vitamina C”, ¿te suena? Es uno de los consejos más instaurados en el boca a boca del invierno. La realidad es que no hay concentrado de vitamina C que aumente la capacidad de una persona de ir por la vida esquivando resfriados, ni tampoco, de superarlos en el campo de combate. Lo que sí es cierto, es que cuando comenzamos a ingerir suplementos de vitamina C como locos, suele ser cuando ya estamos acatarrados, y por ello, es cuestión de días que mejoremos (con o sin suplementos). Sí. Todo tiene truco.
  • Caldos reconfortantes: No hay duda de que un caldito caliente estando pachucho tiene poderes mágicos, pero lo cierto es que no se trata de ningún ingrediente curativo per se, si no de que se trata de un alimento fácil de digerir, y que por tanto apetece incluso cuando nos sentimos incapaces de levantarnos de la cama. Además es algo calentito, lo cual ayuda a entrar en calor y aliviar la sensación de destemplanza. ¡Ojo! Que tampoco esté ardiendo. Normalmente, todo catarro, resfriado o gripazo viene acompañado de garraspeo, dolor de garganta, toses y duendecillos internos que se divierten apuñalando la laringe. Es decir, debemos tener en cuenta que la mucosa suele estar irritada por lo que un líquido abrasivo no es precisamente lo que necesita para mejorar.

  • Aceites esenciales de ajo: “¡Matar las bacterias!” El ajo es conocido como un bactericida natural, pero de ahí a terminar por arte de magia con la bomba biológica que amenaza nuestros días mocosos… no. Tampoco tenemos evidencia científica de ello.
  • Leche calentita con miel: Quizás sea el remedio top de la botica de la abuela, pero lamentablemente no se ha comprobado que un chorrito de miel, cure catarros, gripes o constipados. Lo que sí es cierto, es que suaviza el picor e irritación de garganta, por lo que sí podríamos decir que ayuda a calmar los síntomas y a hacer más llevadero el proceso, sin dejar de lado, que es un azúcar más y que por tanto, no debemos abusar de su consumo.

¿Qué hacemos entonces ante un catarro?

Como comentaba con el tema de los caldos, los alimentos fáciles de digerir parece que son más apetecibles ante estas situaciones. De hecho, si hay que mencionar un súper alimento para estos casos,sería el agua. El agua como tal o el que llevan los propios alimentos como las frutas y la mayoría de hortalizas, y es que durante estos días en los que nuestro mejor amigo es el paquete de pañuelos, nuestro cuerpo se deshidrata (lo cual es incrementado en el caso de que haya fiebre), por lo que infusiones y caldos son opciones estupendas para ayudar a nuestro cuerpo a vencer la batalla.

Además, añadir ingredientes antiinflamatorios puede ser de ayuda para sentirnos un poco mejor. Por ejemplo, añadir una pizca de cúrcuma o jengibre. También puede ayudarnos a respirar un poco mejor en caso de congestión añadir hierbas aromáticas como menta o hierbabuena.

Para darle un empujón a nuestras defensas, tomar alimentos probióticos puede ser de utilidad, desde el típico yogur natural, hasta fermentados como el miso o el kéfir.

Pero sin duda alguna, lo más importante en estas situaciones es tener en cuenta que no todos los alimentos tienen directamente un superpoder asociado (en este caso, curar catarros), si no que muchas veces debemos tener más sentido común y consumir aquello que en ese momento más nos apetezca, ya sea un zumo de naranja o un caldo de la abuela, dejando al margen los poderes curativos y el querer ponernos buenos a la velocidad de un estornudo.

Entender que estamos pachuchos, frenar el ritmo, mimarnos, dejar que nos miman y esperar un par de días a que pase para volver a retomar la rutina con energía es fundamental para sobrevivir a estos momentos con la mejor actitud posible.

Artículo escrito por Victoria Fagúndez Rodríguez, Dietista – Nutricionista. Podéis seguir a Victoria en su página de Facebook e Instagram.

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