Las plantas, ¿inteligentes por naturaleza?

Que discretas son las plantas, aparentemente inmóviles por sus raíces en su pequeño pedazo de tierra… Uno no sospecharía, al verlas en apariencia pasivas, de sus asombrosas facultades que ocultan. Sin embargo, son las reinas de la interacción. Percepciones, memoria, estrategias de defensa… hoy hacemos una oda al fantástico mundo botánico.

La inteligencia en sí misma es la capacidad de abstracción y anticipación, recuerda Jacques Tassin, investigador en ecología vegetal y autor del libro ¿Qué piensan las plantas? Necesitas un cerebro, que las plantas no tienen. Así que es mejor hablar de sensibilidad, adaptación, percepción y aunque no podamos llamarlas “inteligentes”, sí que podemos rendir homenaje a sus habilidades.

Interacción y cooperación

El hecho es que el campo de acción de las plantas es sorprendentemente vasto para ser organismos anclados en el suelo. Las lianas son capaces de anticipación, las plantas sensitivas están dotadas de memoria, otras plantas saben cómo reconocer a sus descendientes directos entre todos los individuos de la misma especie -una especie de sentido de la familia-, etc.

“La planta se distingue esencialmente por su capacidad de interactuar con el resto del mundo vivo”, dice Jacques Tassin. Mucho más que el animal, que se encuentra cerrado a nivel ontológico. Al igual que la planta o los hongos, que viven en simbiosis, el árbol nos aporta un claro ejemplo al usar los animales para dispersar las semillas de sus frutos. Podemos afirmar que en el mundo botánico existe la cooperación.

Hipersensibles…

Esta capacidad de aprovechar el entorno que les rodea para alimentarse, protegerse y reproducirse es posible gracias a una sensibilidad extremadamente fina de todas sus células. Todos conocemos la sensibilidad de la planta a la luz, sin embargo, en muchas ocasiones se revela como algo más que una fuente de energía: aunque no tengan la capacidad de ver, las plantas perciben la arquitectura de los rayos de luz que avanzan en el aire. Lo que se refleja de un objeto cercano, les permite saber si es una planta o no.

Pero también tienen un sentido táctil delicado, como las plantas carnívoras y sensibles que reaccionan ante la presencia de un animal al doblar rápidamente sus hojas. Por otra parte, tampoco permanecen indiferentes a las vibraciones de los sonidos, como lo demuestra el vídeo de la famosa “planta que baila” o Desmodium gyrans, cuyos foliolos se mueven visiblemente cuando las notas de música se elevan en el aire.

Un sistema de comunicación inteligente

Las plantas también son capaces de capturar sustancias volátiles en la atmósfera, y usan esta capacidad para mantenerse informadas, por ejemplo, en caso de agresión. El comportamiento de una acacia sudafricana es un ejemplo bien claro: cuando sus hojas son mordisqueadas por algún antílope local, el árbol se defiende produciendo más taninos, que son tóxicos para el mamífero. Pero también emite gas de etileno, que previene el peligro de sus congéneres, que a su vez también comienzan a producir taninos.

La acacia ha inventado un sistema de comunicación por aire, más rápido y, por lo tanto, más efectivo en caso de agresión que hacerlo enramándose por las ramas. De esta manera informa a todo el follaje de la agresión, para poder responderla. Este sistema de advertencia por la emisión de compuestos volátiles sigue siendo impresionante y se utiliza con frecuencia como una estrategia de defensa, como las hojas de tabaco que se protegen de las orugas al atraer a sus peores enemigas: las chinches.

¿Anticipar los terremotos gracias a las plantas?

Mejor aún, algunas plantas reaccionan a la repetición. Si tienes una planta sensitiva en casa, verás que está tranquila porque está protegida. Si la sacas al exterior por primera vez y llueve, podrás ver como pliega sus hojas, pues todavía no sabe si es o no peligroso. Cuando lo entienda, ya dejará sus hojas desplegadas. Si luego la entras de nuevo en casa y la cultivas sin sacarla nunca durante 5 años, y después de este tiempo la sacas de nuevo al exterior, cuando llueve ya no plegará sus hojas. Esto es debido a que ha guardado este fenómeno en su “memoria”, entendiendo “memoria” como un rastro químico que a veces permanece durante varios meses o más, y permite a la planta adaptarse mejor a un evento equivalente al que experimentó algún tiempo atrás.

Si bien no podemos decir que las plantas son “inteligentes” de acuerdo con el significado actual del término, es verdad que muestran habilidades increíbles. Gracias a su sensibilidad a las vibraciones, que les permite percibir las ondas sísmicas, podrían usarse como antena para capturar la aproximación de un evento sísmico, imagina Jacques Tassin. También podríamos usarlas como antenas químicas para conocer la composición del aire e identificar así la contaminación. También conocemos animales sensibles a las fuerzas electromagnéticas, ¿quizás las plantas también podrían serlo?

Y el ecologista todavía sueña más allá, invitando al hombre a inspirarse en una forma de estar en el mundo que funciona maravillosamente bien para salir de sus propios encasillamientos como humanos. Y, sin caer en el esoterismo o la fantasía, esto nos permite volver a examinar los límites de la vida: ¿podemos pensar que hay algo más allá de nuestros cuerpos físicos? Aprovechamos para lanzar la reflexión…

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